jueves, 24 de abril de 2014

MUCIO ESCÉVOLA, EL PRIMERO QUE PUSO LA MANO EN EL FUEGO

Corría el año 508 antes de nuestra Era; el año anterior los romanos habían expulsado a su último rey, Tarquinio el Soberbio y proclamado la República. Tarquinio, de origen etrusco, pidió ayuda a Lars Porsenna, rey de una de las ciudades de la liga etrusca, Clusium (actual Chiusi). 


Giovanni Francesco Romanelli: "Mucio Escévola ante Porsenna" (fresco de 1658)

Porsenna asedió Roma y estableció un campamento a las puertas, en el monte Janículo. Pasaba el tiempo, los romanos no se libraban del asedio, pero tampoco se daban por vencidos, y los víveres empezaban a escasear en la ciudad. Un joven noble, Gayo Mucio, pidió permiso al Senado para infiltrarse en el campamento etrusco y matar a Porsenna. Los senadores se lo concedieron y Mucio, vestido de etrusco, cruzó el río Tíber y se infiltró en la tienda de Porsenna, pero se confundió de víctima y mató a su secretario. Fue detenido por la guardia real de Porsenna y obligado a comparecer ante éste. Delante del rey dijo estas palabras: 
"Soy ciudadano romano. Me llaman Gayo Mucio. Yo he entrado aquí como enemigo para matarte a ti, mi enemigo, y estoy dispuesto a morir con el mismo ánimo que tenía para matar. Es propio de los romanos llevar a cabo empresas importantes así como sufrir las situaciones adversas. No soy el único en Roma que tiene este mismo espíritu. Hay una larga fila detrás de mí para realizar lo que consideran un honor. Así que prepárate para luchar por tu cabeza en todos los momentos del día, ya que en tu misma casa vas a tener el enemigo armado y dispuesto a matarte. Esta es la guerra que te declara la juventud romana. Nada de guerras multitudinarias ni de ejércitos. Sólo se trata de ti y de cada uno de nosotros." 
Lars Porsenna, lleno de ira, mandó que se le torturase, a lo que Mucio contestó: 
"Mira, rey, lo que hago, para que sientas qué despreciable es el cuerpo para los que tienen a la vista una gloria mayor". 
Nada más decirlo introdujo su mano derecha en la pira encendida para el sacrificio, sin dar una sola muestra de dolor. El rey se levantó de un salto y mandó que se separase al joven del fuego. Dijo el rey: 
"Vete. Has sido más enemigo para ti que para mí. Mandaría que se te aplaudiera si este valor fuera para mi patria. Ahora según el derecho de guerra te dejo libre y podrás ir a tu ciudad totalmente seguro." 


Bernardo Cavallino: "Mucio Escévola frente a Porsenna" (1650)

Entonces Mucio le contestó: 
"Ya que tienes en estima el valor, te voy a decir de buena gana lo que no te dije por amenazas: nos hemos conjurado trescientos jóvenes romanos para matarte. A mí me tocó el primer turno. Los demás actuarán cuando caigan los que están delante de ellos, y dedicarán su tiempo hasta que la fortuna les dé la ocasión que buscan".

Porsenna, asustado por el valor de los romanos, levantó el asedio y se fue. La guerra terminó y con ella la monarquía romana. Desde entonces Gayo Mucio fue considerado un héroe romano y conocido como Escévola (lat. Scaevola), que quiere decir “El Zurdo”, puesto que la mano derecha se le había quedado inútil. Se le concedió que cultivara las tierras del lado derecho del Tíber que desde entonces fueron conocidos como Mucia Prata ("Prados Mucios").


Louis-Pierre Deseine, "Mucio Escévola" (mármol, 1791) 


La fuente principal para esta leyenda, que seguramente tiene poco o nada de histórica pero ha fascinado a multitud de personajes a lo largo de los siglos, es Tito Livio, Ab urbe condita II 12-13, y en él se basan otros autores antiguos, como Dion Casio en su Historia Romana o Plutarco. Dante, en su Divina Comedia, Paraíso, IV 82-87, menciona a Mucio junto a San Lorenzo como ejemplo de firmeza. Rousseau refiere en el primer libro de sus Confesiones, cómo sus tutores se espantaron cuando mientras él les refería la historia, que había leído en Plutarco, lo vieron avanzar hacia la chimenea. También se dice que Nietzsche, tras haber declarado un profesor que no hubo ni podía haber nunca mártires como Escévola, armó una pira con libros y cuadernos junto a algunos de sus compañeros y expuso su mano al fuego durante varios segundos sufriendo heridas que le duraron varios meses, tan sólo para demostrar que su profesor no estaba en lo cierto.

También en el cine tenemos reminiscencias de la leyenda de Escévola. El actor Gordon Scott interpretó a Mucio en un peplum franco-italiano de 1964 titulado Héroe de Roma, basado libremente en la leyenda. 

Y puede que tengamos una reminiscencia del mito de Escévola en Lawrence de Arabia (1962). En una famosa escena -que años más tarde sería citada en la película Prometeo-, T.E. Lawrence (intepretado por Peter O'Toole), apaga una cerilla con los dedos índice y pulgar. Al  ver esto, otro personaje, William Potter también lo intenta. Al quemarse, exclama: "¡Oh, cómo duele!", a lo que Lawrence replica: "Claro que duele." "Entonces", pregunta Potter, "¿dónde está el truco?", a lo que Lawrence responde "El truco, William Potter, está en que no te importe que te duela". 



jueves, 17 de abril de 2014

EL RAPTO DE EUROPA





Según la Biblioteca mitológica de Apolodoro, Europa era la hija del rey fenicio Agénor y de Teléfasa, quienes tenían también tres hijos varones: Fénix (quien dio nombre a Fenicia), Cílix (que dio nombre a Cilicia, la actual Armenia) y Cadmo, fundador de Tebas y el que, según el mito, llevó a Grecia el alfabeto. Zeus se enamoró de la muchacha y, para raptarla, se transformó en un toro blanco que se mezcló con las manadas de Agénor.


Mosaico romano con el rapto de Europa. Museo Nacional de Arte Romano (Mérida)


Un día, mientras Europa y su séquito recogían flores cerca de la playa, ella vio al toro y acarició su costado; tras ver la mansedumbre y dulzura del animal para con ella, terminó por subir a su lomo. Zeus aprovechó la ocasión, corrió al mar y nadó con Europa a su espalda hasta la isla de Creta. Entonces le reveló su auténtica identidad y la poseyó. El acto amoroso tuvo lugar bajo un plátano, árbol que desde entonces tiene las hojas perennes. Zeus estaba tan satisfecho de Europa y tan contento porque ella hubiera accedido a sus amores que la colmó de regalos: un collar hecho por Hefesto, un autómata de bronce, conocido como Talos, un perro llamado Lélape que nunca soltaba a su presa y una jabalina que nunca erraba el tiro. La convirtió, además, en la primera reina de Creta. Por último, y en recuerdo del animal cuya forma le sirvió para conquistar a Europa, Zeus perpetuó la forma del toro blanco en las estrellas que actualmente forman la constelación de Tauro.

Europa le dio a Zeus tres hijos: Minos, Sarpedón y Radamantis. Se casó con el rey Asterión y éste adoptó a los hijos como suyos. Como puede verse, el toro representa un papel crucial en este cíclo mítico, pues más tarde, Pasífae, la mujer de Minos, engendrará, tras cometer zoofilia con otro toro, al Minotauro, el monstruo mitad toro mitad hombre encerrado en el laberinto de Creta y del que escapará Teseo, gracias a la inestimable ayuda de Ariadna, también hija de Minos. No en vano, los frescos de la cultura pregriega cretense conocida como minoica representan la práctica ritual de la taurokatapsía, o "salto del toro". 

Se considera que el origen del nombre "Europa" sería la raíz griega εὐρυ- (eury-), "ancho, amplio", y ὤψ (ops), "ojo" o "rastro", por lo que etimológicamente Europa significaría algo así como "la de amplio rostro" y haría referencia a la diosa fenicia Astarté, bien porque esta era a veces representada portando una cabeza de toro sobre su propia cabeza, o bien porque Astarté era la diosa-Luna, en su fase de plenilunio, y por tanto, "de amplio rostro". 

Ya desde la antigua Grecia y Roma, las representaciones del rapto de Europa en el arte son numerosas. Ya la mencionan Homero y Hesíodo, entre otros muchos. Así narraba Ovidio el episodio en sus Metamorfosis
Y poco a poco, vencido el miedo, ora le acerca su pecho para que con su virginal mano lo palpe, ora los cuernos, para que los cubra con nuevas guirnaldas; Se atrevió también la regia virgen, ignorante de a quién montaba, a sentarse en la espalda del toro. En ese momento el dios, desde la tierra y el seco litoral, pone las falsas plantas de sus pies, en el borde de las olas; de ahí se va más lejos, y se lleva a su presa por la superficie del ponto, mar adentro. Siente medio ella y vuelve la mirada hacia la costa de la que fue arrancada, que ha quedado atrás; sujeta con la diestra un cuerno, la otra sobre el dorso mantiene apoyada. Temblorosas ondulan con la brisa sus ropas. [Ov., Met., II 866-875]

Son muchos los pintores y escultores que han representado el mito en las artes plásticas. Aquí tenéis sólo unos ejemplos:



                                                                                 
Antigua vasija griega. Cerámica negra, de figuras rojas (ca. 480 a.C.)






Metopa de un templo de Selinunte






Tiziano,(pintado entre1559-1562) 






Rembrnandt (1632) 






Jean-Baptiste Marie Pierre (1750)






Gustave Mureau: (1869, acuarela) 






Matisse (1929)






Fernando Botero (escultura de 2011) 



jueves, 10 de abril de 2014

EL NUDO GORDIANO


Alejandro cortando el nudo gordiano, de Jean-Simon Berthélemy


Frigia (en la península de Anatolia, conocida entonces como Asia Menor) se había quedado sin rey. Según la leyenda, se haría con el trono de Frigia quien entrara en la capital por la puerta del Este, y un cuervo negro se apoyara sobre su hombro. Así le ocurrió a un campesino llamado Gordias, que cumplía los designios de los dioses, y en cuyo nombre, la capital del reino fue llamada Gordion. Gordias llevaba sus bueyes atados al yugo con unas cuerdas anudadas de modo tan complicado que era imposible desatarlas. Según la leyenda, quien consiguiera desatar ese nudo podría conquistar Oriente. Durante mucho tiempo todos los reyes de Oriente intentaron desatarlas, pero no hubo forma. 

Cuando, años después, Alejandro Magno se dirigía luchar contra el Imperio Persa, conquistó Frigia y decidió enfrentarse al reto de desatar el nudo. Solucionó el problema cortando el nudo con su espada. Esa noche hubo una tormenta de rayos, y Zeus estaba de acuerdo con la solución, y dijo: «es lo mismo cortarlo que desatarlo». Y efectivamente, Alejandro conquistó no sólo Frigia, sino todo el Oriente. Así, en español se utiliza la expresión «complicado como un nudo gordiano» para referirse a una situación o hecho de difícil solución o desenlace, en especial cuando esta situación sólo admite soluciones creativas o propias del pensamiento lateral.

Imperio de Alejandro Magno



domingo, 6 de abril de 2014

GÁRGORIS Y HABIS, REYES LEGENDARIOS DE TARTESOS


Localización de Tartessos


Cuenta la leyenda que Gárgoris era rey de los curetes, pueblo que habitaba la región de Tartesos, donde, según dicen, los Titanes hicieron la guerra contra los dioses. Tartesos es el nombre de una civilización anterior a la conquista romana de la Península, que vivía en torno a la desembocadura del Guadalquivir, entre las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz. Y como los curetes es un pueblo de la mitología griega que poco o nada tiene que ver, en lo que se sabe de ellos, con la Península Ibérica, a algunos autores les ha sorprendido verlo involucrado en este mito y corrigen a quien nos ha transmitido esta leyenda, Pompeyo Trogo, diciendo que en realidad el nombre de ese pueblo era cunetes. El caso es que Gárgoris era un rey muy habilidoso e inventó la apicultura, esto es, el arte de cultivar abejas y producir miel. Y tenía una hermosa hija a la que el propio Gárgoris deshonró y dejó encinta. Avergonzado luego de haber abusado de su propia hija, quiso tapar una barbaridad con otra barbaridad mayor y deshacerse del fruto de su incesto, el muy bestia, por lo que ordenó que abandonaran a su nieto en el bosque, a merced de las fieras.


 Gárgoris


Varios días después ordenó ir a buscar el cuerpo del pobre bebé expósito, pero las fieras no sólo no habían devorado a la criatura, sino que la habían cuidado y amamantado. Entonces el rey, que aunque asombrado seguía empeñado en deshacerse de su deshonra, ordenó que arrojaran al niño a un camino por el que solían pasar manadas de animales salvajes, para que muriera aplastado. También en esta ocasión el bebé sobrevivió. Entonces Gárgoris, que se ve que era muy terco el hombre, lo intentó de nuevo lanzando al niño a una jauría de perros hambrientos. Y nada, oyes, que no había forma. Los animales no querían hacer daño a la criatura y no se lo hacían. Finalmente Gárgoris mandó arrojar al niño al mar. 

Entonces las embravecidas olas del mar, en lugar de tragarse al bebé lo mecieron y lo llevaron de nuevo a la costa. Una cierva que había por allí se hizo cargo de él y lo amamantó. Y de tal forma los ciervos cuidaron y criaron al niño que éste, a medida que fue creciendo, iba desarrollando una habilidad pasmosa para correr y moverse por los bosques con toda ligereza, por lo que terminó metiéndose a bandolero y así sobrevivió. 

Hasta que un día un cazador lo capturó con un lazo y se lo llevó al rey Gárgoris como regalo. Gárgoris, al ver al chaval, lo reconoció por su parecido físico y por unas marcas que le habían sido hechas al nacer, y sorprendido por todos los peligros que había pasado y porque hubiera podido sobrevivir, se arrepintió de haberlo querido matar, lo nombró su heredero y lo llamó Habis. Una vez que llegó al poder, Habis fue muy querido por su pueblo, al que dio leyes, fundó ciudades, prohibió los trabajos serviles y enseñó a sus súbditos a surcar la tierra con el arado para obtener alimentos. Vamos, un dechado de virtudes, este tal Habis, criado entre los ciervos en los bosques de Tartesos.


Reproducción de la estela de Bensafrim con una inscripción en lo que se cree que es la lengua de Tartesos 



Esta leyenda nos la ha transmitido únicamente Pompeyo Trogo, un historiador romano originario de la Galia Narbonense y casi coetáneo de Tito Livio. Como éste, Trogo trató de escribir una Historia desde los orígenes hasta su contemporaneidad (el siglo I a.C.). Puso como eje central de su narración la historia de la monarquía macedónica, por lo que su obra era conocido como Historias Filípicas. Su obra se perdió, pero otro historiador romano de dos siglos después, Marco Juniano Justino, hizo un Epítome (o resumen) de la misma, que es lo que ha llegado hasta nosotros. En el epítome del Libro XLIV, casi al final de la obra, viene el pequeño pasaje que narra la leyenda de Gárgoris y Habis. La leyenda sirvió de motivo literario a Jerónimo de Arbolanche, escritor navarro del Siglo de Oro que compuso un poema titulado Las Abidas. 


Edición de 1519 del "Epítome de las 'Historias Filípicas'de Pompeyo Trogo", de Justino







domingo, 1 de diciembre de 2013

ÚLTIMOS HABLANTES (IV): SHANAWDITHIT, "PRINCESA DE TERRANOVA", Y EL BEOTHUK


En un hospital de Saint John, la capital de la isla de Terranova, está ingresada una muchacha indígena, de la etnia beothuk. Tiene 27 años. Se llama Shanawdithit, pero los ingleses se han empeñado en llamarla Nancy April. Es la última superviviente de su pueblo y de su lengua. Lleva mucho tiempo luchando contra la tuberculosis y está claro que va a perder la batalla. Corre el año 1829 y todavía falta mucho para que se encuentre un remedio. Shanawdithit está asustada, y en la cama del hospital tiene tiempo, mucho tiempo, para pensar y recordar. No puede evitar acordarse de su extinta tribu y de sus familiares: de su padre, que murió seis años antes al caerse en el hielo; de su madre, su hermana y su tía, que murieron de la misma enfermedad que se la va a llevar a ella en breve… La tuberculosis y otras enfermedades traídas a Terranova por los europeos hacían estragos entre los pueblos indígenas, que no las habían conocido hasta ese momento. 

Isla de Terranova

Recuerda también Nancy April cómo capturaron a toda su familia en 1819, cuando los ingleses remontaron el río Exploits para meter en vereda a los pocos irredentos beothuk que quedaban, reacios a aceptar la dominación inglesa que les estaban llevando a la desaparición de su tribu y su mundo, y mostraban su rebeldía contra el hombre blanco haciendo correrías, saqueos y pillajes por los pueblos de los colonos británicos. La expedición, ordenada por el Gobernador de la colonia, era capitaneada por John Peyton Jr., uno de los europeos para los que Shanawdithit tuvo que trabajar de sirviente después de la captura de su familia, y el hombre del que ella aprendió la lengua de los hombres blancos, el inglés. Y recuerda también a su otro señor, William E. Cormack, emprendedor escocés afincado en Terranova. Humanista y filántropo, Cormack estaba interesadísimo en el idioma y la cultura beothuk y utilizó a Nancy April de informante, tomando notas de todo lo que ella decía en la lengua de su pueblo. Pero Cormack tuvo que abandonar Terranova para volver a Gran Bretaña y Shanawdithit, ya enferma, fue cuidada por el Procurador General, James Simms y por el Dr. Sir William Carlson, otra personalidad de la isla en aquel momento. 

Los beothuk eran uno de los pueblos indígenas de Terranova a la llegada de los ingleses. Había otros, como los micmac, con quienes los beothuk se consideraban emparentados, pues había habido muchos cruces y mestizajes entre ambas tribus. Sin embargo, la presencia de indígenas en la isla debe de ser relativamente reciente y no anterior al siglo XI, cuando vikingos procedentes de Islandia fondearon estas costas sin encontrar nativos. Hay indicios arqueológicos de presencia humana en Terranova mucho más antiguos, pero se trataría de pueblos que migraron hacia otras zonas de América. Los beothuk, por tanto, llegaron a la isla en algún momento entre las navegaciones vikingas y la colonización inglesa, procedentes muy probablemente de la vecina Península de Labrador. Poco se sabe de la lengua beothuk, debido a la escasez de los testimonios, por lo que no sólo es una lengua muerta, sino prácticamente perdida en el olvido. Se sabe que beothuk quiere decir “gente”. Es decir, este pueblo se llamaba a sí mismo “la gente”. Algunos especialistas consideran que era una lengua de la familia algonquina y estaría, por tanto, emparentada con el arapahoe, el cheyenne o el micmac del que hablábamos antes, entre otras. Pero otros autores, como Ives Goddard y Lyle Campbell, no están de acuerdo con esa clasificación y prefieren considerar al beothuk una lengua aislada, sin otros idiomas emparentados con ella. Y es que la variedad de lenguas de la América precolombina es apabullante, y a veces es incluso muy difícil su clasificación en "familias" lingüísticas.   

Representación de un campamento beothuk

Los beothuk nunca se llevaron bien con los colonizadores europeos, las luchas eran constantes. Y querían, como todos los pueblos, mantener sus raíces, su cultura y su identidad. Pero finalmente, las luchas y las enfermedades que los europeos trajeron a América acabaron con ellos. Shanawdithit, Nancy April, murió con 27 años un 6 de junio de 1829 y con ella murió no solo una lengua, sino también el pueblo que la hablaba. 

Existe algún que otro supuesto testimonio posterior de lengua beothuk. En 1910 un antropólogo llamado Frank Speck grabó a una anciana de 75 años cantando una canción supuestamente en dicha lengua. La anciana se llamaba Santu Toney y alegaba que la canción se la había enseñado su padre (lo cual probaría, además, la existencia de gentes de la etnia beothuk después de la muerte de Shanawdithit). Pero las palabras de la grabación son difíciles de entender. Y eso que investigadores modernos han intentado hacer una transcripción con métodos actuales. Ya en 1914, el entonces Director de Estudios Geológicos de Terranova, que llevó a cabo estudios sobre la historia de los beothuk durante más de 40 años, dudó de la veracidad del testimonio de Santu Toney. 

El Hospital de Saint John donó el cráneo de Shanawdithit al Real Colegio de Médicos de Londres para su estudio y enterró el resto del cuerpo. El cráneo se conservó en la capital británica hasta la Segunda Guerra Mundial, momento en que se perdió durante un bombardeo alemán. Shanawdithit alcanzó cierta popularidad entre los terranovenses. En 1851 un periódico local, el Newfoundlander, la llamó “la Princesa de Terranova”.


Ver también: 

Últimos hablantes (I): córnico y manés.
Últimos hablantes (II): Tuone Udaina y el dálmata.
Últimos hablantes (III): Walter Sutherland y el norn.

jueves, 14 de noviembre de 2013

ÚLTIMOS HABLANTES (III): WALTER SUTHERLAND Y EL NORN


En nuestro repaso a las lenguas con certificado de defunción volvemos a las Islas Británicas, esta vez a dos pequeños archipiélagos tomados convencionalmente como el límite septentrional entre el Océano Atlántico y el Mar del Norte: las islas Orcadas (en inglés, Orkney) y las Shetland, conocidos en su conjunto en inglés como Northern Isles (las islas del Norte). Las Orcadas se sitúan a 16 km. de la costa escocesa, las Shetland, más al norte, entre Gran Bretaña, las islas Féroe (Dinamarca) y la costa noruega. Administrativamente, ambos archipiélagos forman parte de Escocia, una de las cuatro naciones constitutivas del Reino Unido.


Localización de las Islas Orcadas y Shetland  en Escocia


Y es que este alejado rincón del Reino Unido fue el territorio donde en otro tiempo se habló el norn, lengua derivada, como el sueco, el noruego o el islandés, del antiguo nórdico. También es posible que se hablara en Caithness, el punto más septentrional de la isla de Gran Bretaña. ¿Y cómo es posible, os preguntaréis, que el antiguo nórdico llegara hasta aquí? Pues de la mano de los vikingos, aguerridos navegantes y guerreros escandinavos que no tenían miedo de navegar por las procelosas y frías aguas del Mar del Norte ni del Atlántico septentrional. En el siglo IX Escocia estaba habitada por gaélicos y pictos, ambos pueblos celtas, y el reino de estos últimos estaba en manos de Donald II de Alba (Alba era el nombre con el que se conocía entonces a Escocia, no es que casa ducal española de ese título anduviera ya por allí), quien no pudo evitar que los vikingos capturasen este conjunto de islas, además de las Hébridas y alguna que otra ciudad de la costa norte de Gran Bretaña, y que finalmente el rey Harald I “Cabellera Hermosa” (en noruego Harald Hårfagre, en inglés Harald Fairhair), que suele ser considerado por las crónicas medievales el primer rey de Noruega, añadiera todos esos territorios a sus dominios. Y es que los noruegos tenían la intención de utilizar las Islas del Norte como base de operaciones para las posteriores conquistas de Inglaterra, Irlanda, Islandia y de todo lo que se le pusiera por delante. No se sabe muy bien qué pasó con la población precedente de las islas, los pictos, ni siquiera si las Shetland estaban habitadas. Pero el caso es que el antiguo nórdico llegó a esos pagos y se quedó una buena temporada.


Harald I y su padre, en una ilustración del siglo XIV



Las islas permanecieron en manos noruegas hasta los años 1468 (Orcades) y 1469 (Shetland), que fueron devueltas a Escocia cuando reinaba en ésta Jaime III. A partir de ese momento el norn cayó en desuso y fue paulatinamente minorizado por el gobierno y la Iglesia de Escocia. Aunque es probable que la decadencia del norn empezara 100 años antes en el caso de las Orcades, cuando el rey de Noruega entregó el cargo de earl de las islas al clan de los Sinclair y el scots (la lengua germánica propia de Escocia, tan afín al inglés que hoy pasa por ser un dialecto de éste) se convirtió en la lengua de prestigio. A pesar de todo, el norn se conservó como primera lengua por un gran número de hablantes de ambos archipiélagos hasta finales del siglo XVI en las Orcades y hasta mediados del XVII en las Shetland, pues como suele suceder en estos casos, cuanto más alejado y aislado está un paraje geográficamente, más probabilidades hay de que conserve la variedad lingüística en retroceso. Y así, los últimos testimonios de hablantes de norn proceden de las islas de Foula y Unst, las más septentrionales del ya de por sí septentrional archipiélago de las Shetland. 








Lenguas de Escocia en el siglo XV: en naranja, el norn,  en azul el gaélico escocés, en amarillo el scots/inglés



Y de un pueblo de Unst era Walter Sutherland, muerto en 1850, y que pasa por ser el último hablante nativo conocido de norn. Aunque, como hemos visto que sucede en otras ocasiones, no todo el mundo está de acuerdo con este dato. Jakob Jakobsen, un importante lingüista oriundo de las islas Féroe (al que no hay que confundir con Jacob Jacobsen, el industrial danés que inventó la cerveza Carlsberg), se fue a vivir a Escocia y terminó llevando a cabo, a finales del siglo XIX, un prolijo trabajo de campo de la lengua norn de las Shetland, para lo cual entrevistó a varias personas que presentó como “últimos hablantes de norn”, entre ellas James John Haldane Burgess, un ilustrado hombre de aquellas islas, historiador, poeta, lingüista, violinista, socialista y esperantista, todo en uno. Cómo se nota que en aquella época no había televisión. 

Las características gramaticales del norn eran muy similares a la de otras lenguas escandinavas. La toponimia de las islas Shetland se asemeja mucho, aún hoy en día, a la de la costa occidental noruega. Dentro de la clasificación dialectal del antiguo nórdico, el norn se situaría en el grupo escandinavo occidental,  junto con el noruego, el islandés y, muy especialmente, el feroés, con quien compartía numerosos rasgos fonológicos y gramaticales y mantuvo uno alto grado de ininteligibilidad mutua. Como muestra textual de esta lengua, aquí os dejo el Padrenuestro en norn de las islas Shetland. Incluso para un profano, su carácter de lengua nórdica salta a la vista. Al fin y al cabo, tal y como queda explicado en el post, el norn era un derivado de la lengua de Vikie el Vikingo. 
Fy vor or er i Chimeri. Halaght vara nam dit. La Konungdum din cumma.La vill din vera guerde i vrildin sindaeri chimeri. Gav vus dagh u dagloght brau.Forgive sindorwara sin vi forgiva gem ao sinda gainst wus. Lia wus ikè o vera tempa, but delivra wus fro adlu idlu. For do i ir Kongungdum, u puri, u glory. Amen. 

lunes, 14 de octubre de 2013

LOS NOMBRES DE ANDALUCÍA



Al-Ándalus escrito en caracteres árabes


Andalucía es una de las Comunidades Autónomas más importantes, en extensión y población, de España. Son muchas las razones que hacen a Andalucía una tierra singular y no me voy a extender en ellas. Pero, ¿de dónde viene su nombre? ¿Por qué se llama Andalucía y no Bética, como la llamaban los romanos? Intentaremos explicar brevemente por qué Andalucía se llama así y no de otra forma.

Para los antiguos romanos la zona que hoy conocemos como Andalucía estaba englobada en una provincia llamada en un primer momento Hispania Ulterior (término que para un romano venía a significar algo así como “el cachito de la Península Ibérica que pilla más lejos desde Roma y se tarda más en llegar en barco”) y después Baetica, por el gran río que la atravesaba, el Baetis, nombre que los romanos tomaron del fenicio. De Baetis y Baetica nos han quedado hoy denominaciones como “Cordilleras Béticas” (subdivididas en Prebética, Subbética y Penibética) o el nombre de un club de fútbol, el Betis. El río Baetis pasó a ser, tras la dominación musulmana, el Guadalquivir (del árabe Al-wad al-kabir, el "Río Grande"). 

En el año 711 los visigodos andaban en guerras civiles. Un año antes el rey Rodrigo había accedido al trono de forma un tanto dudosa y no todo el mundo estaba de acuerdo con eso. Según una leyenda tan extendida como nunca confirmada, uno de los sublevados contra Rodrigo pidió ayuda a los árabes, quienes ya correteaban por el norte de África conquistando territorios para el Califa de Damasco y convirtiendo infieles al Islam. El Califa envió al general Táriq ibn Ziyad, el cual desembarcó en un peñón que hasta aquel momento se había llamado Calpe, pero desde entonces se conoció como Ẏabal Tāriq, “el monte de Táriq” (o sea, Gibraltar). Táriq venció a Rodrigo en la batalla de Guadalete y abrió la puerta a la conquista musulmana de una Península que en árabe se conocía como Al-Ándalus. Y es que hay que dejar clara esta idea: Al-Ándalus no era lo que hoy conocemos como Andalucía. Al-Ándalus era simplemente la forma en que los árabes llamaban a la Península Ibérica. De hecho, en una moneda del 716 o 17 (esto es, 5 o 6 años posterior a la invasión) ya aparece el término Al-Ándalus junto al término Spania. Y tan Al-Ándalus eran, por ejemplo, Balansiya (Valencia) o Saraqusta (Zaragoza) como Qurṭuba (Córdoba). 



Dinar omeya de los años 716-17


Pero…, ¿de dónde viene el vocablo Al-Ándalus?, ¿por qué llamaban así los árabes a la Península Ibérica? Para su posible etimología se han barajado tres hipótesis distintas, a las cuales llamaremos hipótesis vándala, gótica y atlántica respectivamente.



Hipótesis vándala 


Fue la defendida, entre otros muchos, por Seybold y Lévi-Provençal. Según esta teoría, Al-Ándalus debería su etimología a uno de los pueblos germánicos que invadieron la Península Ibérica en una de sus primeras oleadas: suevos, vándalos y alanos. Los suevos se establecieron en Galicia, y formaron allí un reino que fue independiente hasta que lo conquistaron los visigodos. Por cierto, sobre aquel pueblo los gallegos dicen con cierta retranca: “a nosotros nos tocaron los suevos…”). Los alanos pasaron sin dejar rastro, aquí solo hicieron escala. Y los vándalos, después de pasar una breve temporadita en el sur peninsular, ante las amenazas de godos por un lado y bizantinos a las órdenes de Justiniano por otro, se fueron al norte de África y se establecieron en lo que hoy es Túnez. Según esta teoría, como desde el punto de vista de un árabe o de un norteafricano, Hispania (la Península Ibérica) era la tierra de donde venían los vándalos, llamaron a esta tierra que ahora se les ponía en el punto de mira de sus conquistas Al-Andalus, algo así como “El vándalo”. Esta teoría ha sido tan aceptada tradicionalmente que se ha convertido en un lugar común, todo el mundo la ha escuchado o leído alguna vez, seguro que Vd., que está ahora mismo leyendo esto, también. Incluso se han llegado a proponer formas latinizadas totalmente inventadas como Vandalicia o Vandalia partiendo de esta posible etimología vándala del nombre. Y así reza el escudo de Carmona: 

      Sicut Lucifer lucet in Aurora 
Ita in Vandalia Carmona. 
                 (“Como el Lucero brilla en la Aurora
            así en Vandalia brilla Carmona”) 

Pero no deja de ser una teoría controvertida y, hoy en día, poco o nada aceptada. Por dos razones principalmente, una histórica y otra lingüística. La razón histórica es que los vándalos, al igual que los alanos, estuvieron muy poco tiempo en la Península y totalmente de paso, lo cual hace prácticamente imposible que su corta estancia aquí hiciera que ningún otro pueblo diera nombre a estas tierras al norte del Estrecho en función de ellos, por más que los vándalos desembarcaran en África procedentes de algún puerto del sur de Hispania. Y en segundo lugar, el supuesto paso de Vandalus a Al-Andalus (entendiendo que el prefijo Al- equivale al artículo determinado en árabe) choca con problemas de evolución fonética insalvables, principalmente con la inexplicable pérdida de la v- inicial, que en germánico sería en realidad como la w- inglesa y que los árabes podrían haber transcrito perfectamente con su letra waw). Algún autor ha habido que ha intentado explicar la pérdida de esa v- inicial a través del amazigh, una lengua bereber: en esta lengua “tierra de los vándalos” se decía tamort wándalos. Pero en esa lengua existe un prefijo w- para el genitivo, por lo que las gentes al oír tamort wándalos pensaron que esa w- no formaba parte de la raíz, sino que era dicho prefijo, y que el nombre del pueblo era ándalos de donde pasó al árabe como Al-Andalus. El autor de esa teoría trabajó en vano, porque no ha convencido a nadie, el pobre. 


Hipótesis visigótica 


Esta parece algo más enrevesada que la anterior. Un señor que sabe mucho de los godos, Heinz Halm, propuso que Al-Andalus sería la arabización de la palabra gótica Landahlawts, que sería un compuesto de Landa, “tierra” y hlawts, “sorteo”; sería por tanto algo así como “Tierra de Sorteo”. Se supone que los godos, cuando conquistaban nuevos territorios y una vez que los enemigos habían resultado muertos en el fragor de la batalla o habían huido, hacían sorteos para repartir las tierras recién capturadas. Como el sorteo de tierra es algo que hicieron mucho en la Bética, llamaron así a esta provincia y los árabes, que les escucharon decir lo de Landahlawts, lo convirtieron en Al-Andalus, porque cualquiera pronunciaba Landahlawts así como así si no hablaba gótico. El principal escollo que encuentra la teoría de Halm es la falta de documentación. El sorteo de tierras entre los visigodos no está documentado como Landahlawts en ningún sitio y allá donde aparecen referencias escritas siempre es con la forma latina Gothica Sors. Por tanto puede que sea una tesis original, pero indemostrable y traída por los pelos. Por cierto, y como anotación al margen, el germánico hlawts (que en alemán actual es los) pasó al francés como lot, catalán, lot, castellano lote, y de ahí se deriva también la palabra lotería


Hipótesis atlántica


El primero en apuntar esta posibilidad fue Amador de los Ríos y, más recientemente, el filólogo Joaquín Vallvé Bermejo. Ya los árabes preislámicos tenían noticia del mito de la Atlántida recogido por Platón y de hecho en algunos poemas preislámicos ya aparece recogida la forma Ẏazirat-al-Ándalus (isla de Al-Ándalus) para referirse a la isla o continente mítico que los griegos llamaban Atlantís nēsos, es decir, "Isla Atlantida o de Atlas", y también la forma Bahr Al-Andalus (mar de Al-Ándalus), en referencia al Océano Atlántico. De hecho, siempre según Vallvé, existen multitud de escolios y comentarios árabes a textos griegos sobre el mito que sitúan al-Ẏazirat-al-Ándalus al oeste del Mediterráneo, o ya metida en el Atlántico, junto a la costa peninsular. Hoy en día es la tesis sobre la etimología del término Al-Ándalus más comúnmente aceptada. ¿Por qué llamaron los árabes Al-Ándalus, un nombre sacado de la mitología griega, a la Península Ibérica? Pues porque es posible que se viniera aplicando tradicionalmente en árabe, a raíz del mito griego, a alguna isla del Estrecho, posiblemente al islote (hoy punta) de Tarifa, el punto más meridional de la Península, y que fue uno de los puntos de acceso (junto con Gibraltar, arriba aludido) de las tropas árabes y moriscas a nuestra península.  Y si a ustedes les parece increíble que una isla del estrecho termine dando nombre a toda Iberia, no tienen más que pensar que "África" para los antiguos romanos no era más que una pequeña región de lo que hoy conocemos como Túnez, mientras que ahora designa todo un continente. 


Sea como fuere, el caso es que los árabes de la época y sus súbditos y compañeros de fe norteafricanos, llamaron Al-Ándalus a toda la Península Ibérica, después los cristianos (especialmente los castellanos) lo usaron para designar los territorios musulmanes que todavía no habían sido “reconquistados”. Y fue a partir del siglo XIII, especialmente a partir de la Primera Crónica General, de Alfonso X el Sabio, cuando apareció la forma castellana “El Andalucía”, derivada de Al-Andalusiyya (que en árabe era el gentilicio en género femenino), significando algo así como “la tierra andaluza”. En esta ocasión ya no se refería al territorio musulmán, que por aquel entonces se circunscribía al Reino Nazarí de Granada, sino al territorio al sur de Sierra Morena ya arrebatado a los musulmanes, esto es, el Valle del Guadalquivir, territorio que Castilla había organizado en los reinos de Córdoba, Sevilla y Jaén.


Mapa de España de 1770 en el que los antiguos reinos castellanos de Sevilla, Córdoba y Jaén 
ya aparecen como Andalucía, mientras el antiguo reino de Granada 
sigue manteniendo su denominación singular. 



Y así se quedó durante mucho tiempo. Cuando Granada fue conquistada por los Reyes Católicos, poniendo fin a la presencia musulmana en la Península, el territorio arrebatado a Boabdil el Chico mantuvo cierta singularidad dentro de la Corona de Castilla como Reino de Granada (aunque sin moriscos, expulsados en 1502) y Andalucía seguía haciendo referencia exclusivamente al Valle del Guadalquivir. Pero como la conquista y repoblación de Granada fue llevada a cabo principalmente por andaluces, a finales del siglo XVIII ya estaba muy extendida la idea de identificar a granadinos con andaluces, y hablar de “los cuatro reinos de Andalucía”, reinos que, con la división provincial de 1833 pasaron a ser las ocho provincias actuales. Y aunque la Comunidad Autónoma de hoy en día coincida con esos cuatro reinos u ocho provincias, varios han sido sin embarbgo los proyectos políticos, como el de Constitución Federal de la Primera República Española (1873) o incluso el propio proyecto de la UCD de 1980 (que finalmente no cuajó), de diferenciar dos Andalucías: una Andalucía Alta u Oriental (Jaén, Granada, Málaga y Almería) y una Andalucía Baja u Occidental (Córdoba, Sevilla, Huelva y Cádiz). Proyectos que respetaban, en cualquier caso, la denominacíón "Andalucía" para ambas partes, tras tantos años ya de consolidación y arraigo del nombre.

Para terminar este post, que espero que no haya resultado muy pesado, os dejo un enlace con música arábigo-andalusí de la mano de Gregorio Paniagua y el Atrium Musicae de Madrid.






lunes, 7 de octubre de 2013

ÚLTIMOS HABLANTES (II): TUONE UDAINA Y EL DÁLMATA


En el post anterior sobre este tema, tras una pequeña introducción en la que expliqué a qué se aplica la expresión “lengua muerta” y que hay unas cuantas lenguas que tienen como fecha de defunción simbólica el día que murió el último de sus hablantes, conté resumidamente algo sobre los últimos hablantes de manés y córnico, dos lenguas celtas de las Islas Británicas. 

Ahora cruzamos media Europa y nos vamos al mar Adriático. Dalmacia es una de las regiones históricas de la actual república de Croacia, aunque una pequeña parte de su territorio queda hoy en día en Bosnia y en Montenegro. En esta república exyugoslava las regiones no tienen ninguna entidad político-administrativa, pues la única organización territorial existente entre los municipios y el Estado es el condado, pero sus denominaciones se siguen usando como referentes. Dos de estas regiones tienen salida al mar: Istria al norte y Dalmacia al sur. En tiempos del Imperio Romano la zona era conocida como Iliria, y cuando el Imperio cayó y Dalmacia fue invadida por los bárbaros (en un primer momento, hérulos y ostrogodos, de estirpe germánica; después, sorabos y croatas, de etnia eslava), la población ilirio-latina se refugió en las islas del Adriático. Al igual que en otras partes, el latín hablado en la zona fue evolucionando de forma propia, dando origen a la lengua dálmata (la cual era, por tanto, una lengua romance, igual que el galaico-portugués, el castellano, el catalán, el occitano, el francés, el italiano, el rumano, etc.). Pero arrinconada en las islas, se vio siempre amenazada, por el croata primero (que es la lengua que se impuso en la Dalmacia continental) y por el venéto después, pues la República de Venecia conquistó la zona a principios del siglo XV y estableció muchas colonias por toda la costa oriental del Adriático. En Zadar, al norte, el dálmata desapareció enseguida. En cambio en la República de Ragusa (la actual Dubrovnik), que consiguió mantenerse independiente de Venecia durante mucho tiempo, llegó a ser la lengua oficial.   

En rosa, los territorios de la República de Venecia


A los lingüistas les encanta no sólo estudiar las lenguas, su historia y su evolución, sino también hacer clasificaciones con ellas, agruparlas y desagruparlas. Y suelen subdividir las lenguas romances en dos grandes grupos, la Romania Occidental y la Romania Oriental. El criterio en el que basan esta clasificación se sustenta principalmente en determinados rasgos gramaticales, como la formación del plural de los sustantivos, que en las lenguas romances orientales suele ser en vocal y en las occidentales en –s (compárese, por ej., el italiano amici con el francés amis, catalán amics, o castellano y portugués amigos) , y en algunos rasgos más de índole fonética. La línea que separaría ambos grupos sería la conocida como línea La Spezia-Rímini, en Italia, que recorrería más o menos en oblicuo, de Oeste a Este, el istmo que separa la Italia peninsular del Valle del Po. De acuerdo con esa clasificación, lenguas tan distintas como el italiano (que se originó en la Toscana, al sur de esa línea, aunque ahora se hable también en las regiones del norte) y el rumano pertenecerían al grupo oriental. Por este motivo siempre se ha considerado que el dálmata sería algo así como el paso intermedio entre las lenguas de Italia y las rumanas, una especie de “eslabón” que le faltaba a la Romania Oriental, pero la características peculiares de esta lengua, sin parangón en algunos casos con el resto de las lenguas romances, hacen difícil el encaje del dálmata entre el italiano y el rumano. 

El principal rasgo que lo diferencia de sus lenguas hermanas es su peculiar tratamiento de las vocales latinas. Muchas de estas se convertían en diptongos con resultados que no se dan en el resto de la Romania. No hay más que leer un breve texto como el “Padre Nuestro” para darse cuenta de ello. 


Tuota nuester, che te sante intel sil, sait santificuot el naun to. Vigna el raigno to. Sait fuot la voluntuot toa, coisa in sil, coisa in tiara. Duote costa dai el pun nuester cotidiun e remetiaj le nuestre debete, coisa nojiltri remetiaime a i nuestri debetuar. E naun ne menur in tentatiaun, miu deleberiajne dal mal. 


También pondré como pequeño testimonio los números del 1 al 10, para que os divirtáis contando en esta lengua que, a pesar de ser romance, parece tan exótica. 

1. jóin , jóina 
2. doi
3. tra
4. kuátro
5. ćenk
6. si
7. s(i)ápto
8. guápto
9. nu(f)
10. dik

El dálmata se subdividía en dos dialectos principales, el septentrional o vegliota, hablado en la isla de Veglia (el nombre en italiano para la isla que en croata tiene un denominación impronunciable para nosotros, Krk), y el meridional o ragusano. Pero mientras que el ragusano, que ya hemos visto que llegó a tener carácter oficial en la República de Ragusa, se perdió a lo largo del siglo XVIII, el vegliota era el dialecto que hablaba Tuone Udaina (Antonio Udina en la versión italiana de su nombre), que pasa por ser el último hablante nativo de dálmata. Nacido en 1821 en Veglia, Udaina era de extracción humilde y, como él mismo dijo, sólo fue a la escuela durante tres años: 

Yu yay foyt a skol day tšink yayn e dapú yu vay stat a skol tra yayn; yu yay studyút fenta i vapto yayn


(“Yo fui a la escuela desde los cinco años y después estuve en la escuela tres años; he estudiado hasta los ocho años”). [M. Bartoli, Das Dalmatische, Viena, 1906]


                                                  
Tuone Udaina (Antonio Udina en italiano)


Aunque poco se sabe de su biografía, dicen que Tuone Udaina trabajó como barbero toda su vida, lo que le valió el apodo de Burbur, que en dálmata quiere decir precisamente eso, “barbero”. Cuando a finales del XIX el filólogo italiano Matteo Bartoli se enteró de que el dálmata estaba a punto de desaparecer y que sólo quedaba un hablante, allá que se fue en 1897 a visitarlo, con el gramófono en la mano (invento reciente en la época) para grabar a Udaina hablando esa lengua en vías de extinción y dejar un documento sonoro para la posteridad. Udaina aprendió dálmata de pequeño, de oír las conversaciones privadas de sus progenitores, pero no era la lengua que utilizaban estos para dirigirse a él. Esto, sumado al hecho de que cuando Bartoli entró en contacto con él, Udaina llevaba ya 20 años sin hablar dálmata con nadie (hablaba también véneto y alemán), hace que la labor este último hablante nativo como informante no fuera precisamente óptima desde el punto de vista filológico. Aún así, Bartoli llevó a cabo un completo estudio de esta lengua, el más completo existente hasta ahora. Lamentablemente, el original de la obra de Bartoli en italiano se ha perdido, y solo se conserva su traducción al alemán publicada en 1906, Das Dalmatische). 

Una mina de tierra colocada por algún terrorista de los que tanto pululaban por el Imperio Austro-Húngaro se interpuso en el camino de Tuone Udaina el 10 de junio de 1898. Esa mina se llevó por delante no sólo a un hombre, sino también a una lengua de la que él era el último vestigio vivo, el dálmata. Pocas lenguas tienen marcada su desaparición de la faz de la Tierra como lengua viva con tanta exactitud.

Ver también:
Últimos hablantes (I): córnico y manés. 
Últimos hablantes (III): Walter Sutherland y el norn.

Últimos hablantes (IV): Shanawdithit, "princesa de Terranova" y el beothuk.